Fernando Torres consigue la felicidad en el Calderón

Fernando Torres por fin pudo mostrar esa camiseta con el número 100. En el último minuto, el Niño se convirtió en ‘centenario’ al marcar el tercero del Atlético de Madrid en la victoria por 3-1 sobre el Eibar. Giménez y Saúl, ambos de cabeza, habían abierto la cuenta rojiblanca después de que Keko adelantara a los visitantes.

El Atlético de Madrid que salió a la cancha fue, en actitud, el mismo que se ha visto desde que empezó 2016. Tan combativo como dubitativo y sobre todo, impreciso. Como ha ocurrido en los cinco partidos que ha disputado como local desde que empezó el año, el cuadro colchonero acabó la primera parte del encuentro sin ver puerta.

Y esta vez, ni siquiera tienen el consuelo de haber creado numerosas oportunidades con la esperanza en que de tanto llevar peligro a la portería contraria, el gol termine por caer.

Con media defensa fuera – Juanfran y Filipe Luis, sancionados; Stefan Savic, lesionado y Diego Godín, sancionado y lesionado – Simeone no tuvo otro remedio que retrasar a Saúl a la defensa central mientras Koke ayudaba a Gabi en la contención.

Con Ñíguez ocupado en la última línea, el Atlético perdió potencial en ataque y sólo Carrasco o Thomas lograban acechar el área de Asier Riesgo y muy esporádicamente. El Eibar, privado de Borja Bastón por la ‘cláusula del miedo’, había salido a aguantar hasta que el Atlético cometiera un error. Mientras, la grada del Calderón hizo un esfuerzo por saltarse la siesta, de lo poco que ofrecieron ambos equipos en la primera parte.

A la pesadumbre con que el cuadro local salió a hacer frente a la segunda parte se sumó la fragilidad de una defensa de circunstancias y pronto se vio en desventaja. Al 46 y en la primera llegada clara del cuadro visitante, Saúl cometió un grave error. El mediocampista perdió el control de un balón que no habría dado mucho más problema si Sergi Enrich no hubiese reaccionado con el oportunismo del delantero que tanta falta hace en el otro lado. El catalán se apuró a robar el balón e inmediatamente lo cedió para que Keko, un ex Atlético, abriera el marcador con un potente derechazo.

Verse al borde del naufragio despertó, como siempre, el instinto de supervivencia rojiblanco. Solo así los rojiblancos se acordaron de presionar y de explotar sus recursos a balón parado. La ventaja del Eibar duró apenas diez minutos. Al 56, Giménez puso el 1-1 con cabezazo de Giménez al cobro medido de Koke.

Recuperado el control y el sentido de la dirección, Simeone modificó para dar más vías de ataque a sus hombres. Sacó a Thomas y Correa, que hacía rato que habían desaparecido, para dar entrada a Vietto y Oliver. Eibar, un poco desordenado, defendía como podía. De tal suerte que cinco minutos más tarde, Atlético se puso 2-1 por delante haciendo uso, de nuevo, de la jugada de estrategia. De nuevo Koke puso un balón con precisión desde la esquina para que Saúl, en un papel más natural, marcara con otro cabezazo.

El equipo había salido del bache y a partir de entonces, se dedicó a disfrutar jugando con más confianza. El Atlético empezó a atacar con más velocidad y eficiencia dando un dolor de cabeza mayúsculo a Riesgo. Vietto probó que con espacio para correr y probar al portero puede resultar letal, si bien le anularon el tanto por fuera de lugar.

La grada, que empezaba a disfrutar, estalló cuando Fernando Torres hizo su primera aparición en siete partidos cuando entró por Carrasco a 15 minutos del final. Desde ese momento, todos los balones desde la segunda línea iban dirigidos al ‘9’. Pero ni con el equipo entero jugando para él, parecía quitarse esa pesada loza del gol 100 que cargaba desde septiembre en que anotó por última vez.

Pero cuando más doloroso resultaba para la grada verlo sufrir buscando ese tanto que mantenga viva la leyenda, Torres hizo gala del ADN del Atlético: en el último minuto y prácticamente en la línea, Torres finalizó un contragolpe empujando el balón al fondo de la red.

 

Vía: ESPN