Cuando la humildad vale más que el oro

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Si hay algo que nos enseñan los Juegos Olímpicos es que ganar el oro no es lo más importante. Muchas veces, los atletas se destacan por haber tenido una gran actuación, incluso mejor de la esperada, o por llevar a lo más alto la bandera de los valores olímpicos. Y el segundo es el caso de estas dos corredoras, que ante la adversidad se olvidaron de la rivalidad y se apoyaron mutuamente para llegar a la meta.

Este hecho destacable ocurrió en la mañana del martes en Río, durante la disputa de una de las semifinales de los 5.000 metros femeninos de atletismo. Cuando ya iban casi diez minutos de competencia, la corredora neozelandesa Nikki Hamblin cayó al suelo tras tropezarse y provocó la caída de la estadounidense Abbey D’Agostino que no alcanzó a esquivarla. Y aunque las demás corredoras siguieron su camino hacia la meta, D’Agostino fue la primera en socorrer a su rival para que pudiera levantarse y seguir. Pero pocos metros más adelante, ella fue quien se acalambró y volvió a caer al suelo, intercambiando los lugares para que ahora Hamblin tuviera el mismo gesto de compañerismo.

Así, y aunque D’Agostino llegó dos minutos más tarde que la ganadora (17:10.02), al cruzar la meta las dos atletas se abrazaron bajo una ovación del público y celebraron que la ayuda, el compañerismo y la solidaridad son valores más importantes que una medalla.

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