Era el momento que estaba esperando. Al minuto 81, con el Valencia ya rendido ante un Barcelona que ganaba 4-0, Hansi Flick levantó el cartel con el número de Pedri y lo sustituyó por un hombre con cara nueva, camiseta azulgrana y ganas de presentarse.
Gabriel Jesus, el último fichaje de la era Flick en el pisó el césped de Mestalla para escribir el primero de lo que espera sean muchos capítulos con el Barcelona. Solo jugó nueve minutos, pero en ese tiempo mostró la movilidad y la intensidad que lo caracterizan suficiente para que el Camp Nou sepa lo que tiene. La historia de este fichaje arrancó de manera sorprendente Después de un mercado estival dominado por las largas negociaciones por Julián Álvarez, el FC Barcelona sorprendió al mundo del fútbol con la incorporación de Gabriel Jesus procedente del Arsenal.
El delantero brasileño firmó por tres temporadas hasta el 30 de junio de 2029, con una inversión de 10 millones de euros más 5 en variables. Llegaba como el plan B declarado de Julián Álvarez, algo que el propio Jesus asumió sin problema desde el primer día: «No me ofende ser el plan B de Julián Álvarez»
Durante esos nueve minutos, Jesus se mostró activo en el área, buscó espacios y trató de generar variantes en el ataque blaugrana. No marcó no era el momento para eso, pero sí demostró lo que Flick y la directiva vieron en él: un delantero que presiona, se mueve y da opciones distintas. El partido ya había sido un festival antes de su llegada.