Mario Gálvez, Embajador de Panamá, comparte una reflexión sobre el deporte estudiantil, el trabajo en equipo, los entrenadores y el significado de representar al país en los Juegos CODICADER.
Bajo la sombra de mi memoria se reactivaron aquellos momentos en los que fui atleta. Al vivir estos Juegos CODICADER, me transporté nuevamente a aquellos años en los que predominaban el sacrificio, la disciplina y ese deseo que nace desde lo más profundo de uno: querer ser el mejor.
Desde mi niñez entendí que el deporte era y sigue siendo una herramienta que conduce a la disciplina, al carácter y a la formación integral del ser humano. En aquellos años, las situaciones y el ambiente de mi barrio no siempre permitían desarrollarse como uno soñaba, pero aprendí que las circunstancias nunca debían convertirse en una excusa.
Por eso, observar a esta camada de atletas estudiantiles me hizo regresar a aquellos años y recordar el camino que alguna vez recorrí.
DEPORTE, EDUCACIÓN Y FORMACIÓN
Estos Juegos fueron concebidos bajo un concepto científico, educativo y deportivo cuidadosamente planificado. Permiten que el estudiante, desde temprana edad, represente primero a su colegio y, posteriormente, vaya construyendo en su mente un sentimiento aún mayor: la representatividad de su país.
Hay algo que quizá solamente puede comprender quien alguna vez fue atleta: el orgullo de viajar vistiendo los colores de Panamá, llevando el uniforme deportivo, las zapatillas, el maletín, el escudo y el nombre de nuestra nación.
Todo eso comienza a despertar ilusiones, sueños y proyecciones.
Es allí donde el deporte y la educación encuentran una extraordinaria sinergia, una combinación que puede acompañar al ser humano durante toda su vida.
EL TRABAJO EN EQUIPO
Si algo me han enseñado estos Juegos CODICADER es que nadie llega solo al podio.
Detrás de cada competencia existe un verdadero trabajo en equipo. El atleta pone su esfuerzo y su talento; el entrenador aporta conocimiento y metodología; los profesores y delegados acompañan; las familias sostienen; y toda una delegación trabaja en una misma dirección.
Eso es precisamente lo hermoso del deporte: entender que el éxito individual muchas veces es el resultado de un esfuerzo colectivo.
He visto a estos jóvenes apoyarse entre ellos, preocuparse por un compañero, celebrar juntos una victoria, acompañarse en una derrota y levantarse después de una dificultad. He visto cómo se convierten en equipo, cómo aprenden a confiar unos en otros y cómo entienden que representar a Panamá es una responsabilidad que comparten.
El trabajo en equipo no solamente gana competencias; también forma personas.
Y esa enseñanza trasciende cualquier medalla. Lo que hoy aprenden en una cancha, en una pista, en una piscina o en cualquier escenario deportivo, mañana podrán aplicarlo en sus estudios, en sus profesiones, en sus familias y en la sociedad.
LOS ENTRENADORES, EJES DE TRANSMISIÓN
Pero detrás de cada atleta existe también una figura fundamental que muchas veces no aparece en el podio: el entrenador.
Son ellos los verdaderos ejes de transmisión del proceso de desarrollo deportivo. Son quienes llevan el hilo conductor del entrenamiento, quienes convierten el conocimiento en práctica y quienes, mediante metodología, disciplina y dedicación, transmiten a cada atleta las facultades técnicas, tácticas y humanas propias de su disciplina.
He podido observar cómo trabajan, cómo orientan, cómo corrigen, cómo motivan y cómo acompañan a sus atletas no solamente dentro de la cancha, sino también fuera de ella.
A todos los entrenadores quiero expresarles mi profunda admiración por su profesionalismo, por su paciencia, por su conocimiento y, sobre todo, por el compromiso que tienen con la formación de estos jóvenes.
Gracias por ser parte fundamental de este equipo. Gracias por formar atletas, pero también por ayudar a formar seres humanos.
Gracias por permitir que nuestra bandera y nuestro himno se escuchen desde los podios; por permitirnos vivir esos momentos en los que vemos cómo nuestro pabellón asciende hasta lo más alto.
Cada medalla lleva el nombre de un atleta, pero detrás de ella también existe la planificación, el conocimiento, las horas de entrenamiento, las correcciones, los sacrificios y la dedicación de un equipo entero.
Por eso, mi reconocimiento y respeto para todos ustedes.
A LOS ATLETAS: ADMIRACIÓN Y RESPETO
Hoy me regocija observar y, sobre todo, respetar a cada uno de estos jóvenes por su enorme sentido de pertenencia hacia sus colegios y hacia Panamá.
Los he visto reír, llorar, lesionarse, convivir, preocuparse por un compañero, aconsejarse, analizar sus actuaciones y hasta construir entre ellos estrategias de juego. He visto un sinnúmero de realidades que me llevan nuevamente por ese camino de la historia.
Porque quien olvida su historia deja indefenso su futuro.
Todos, de alguna manera, vamos construyendo nuestra propia historia. Y estos jóvenes están escribiendo hoy una de las páginas más importantes de la suya.
Quiero rendir tributo, desde lo más alto y profundo de mi alma, al esfuerzo que cada uno de ellos entrega en las diferentes competencias y disciplinas.
Por eso traté de estar presente en sus eventos, acompañándolos desde una visión que no es la de un simple fanático, sino desde la mirada de uno de ellos.
Porque sé lo que significa competir. Sé lo que significa prepararse, sacrificarse, caer, levantarse y volver a intentarlo.
Y me quedo con una última reflexión:
Si compites con esfuerzo, ya tienes tu medalla, porque lo diste todo.
A ustedes, jóvenes atletas, mi admiración, mi respeto y mi reconocimiento.
Sigan soñando.
Sigan estudiando.
Sigan compitiendo.
Sigan trabajando en equipo.
Sigan representando a sus colegios.
Y, sobre todo, sigan llevando a Panamá en el corazón.
Como homenaje a estos Juegos Estudiantiles y a todos ustedes, quise resumir ese sentimiento en un sencillo slogan:
“AMOR DEL ALMA…
REPRESENTARTE, PANAMÁ”
Mario Gálvez
Embajador de Panamá


