ANTÓN nace del corazón verde de Panamá, entre montañas que respiran vida y bosques húmedos
donde la legendaria rana dorada ha brillado por generaciones. Este anfibio, considerado por
pueblos originarios como un símbolo de suerte y buen augurio, también representa una historia de
lucha: pese a los retos que enfrentó en la naturaleza, la rana dorada se convirtió en emblema de
resiliencia, esperanza y protección del entorno. De ese espíritu nace ANTÓN.
Diminuta pero valiente, ANTÓN es oro vivo. Su brillo no es solo color: es el reflejo del esfuerzo, la
disciplina y los sueños de miles de jóvenes atletas que están listos para hacer historia. Es luz que
avanza, que inspira y que recuerda que cada salto, por grande o pequeño que parezca, puede
cambiar el mundo.
La historia de la rana dorada es dramática: la pérdida de hábitat, la contaminación y, sobre todo,
un hongo agresivo la empujaron al borde de la desaparición. Aun así, la rana dorada no se rindió.
Gracias a científicos, comunidades enteras y guardianes ambientales, hoy hay programas de
conservación que buscan reintroducirla algún día a la naturaleza. Es una historia real de
resistencia, trabajo en equipo y esperanza el tipo de historia que te recuerda que incluso los
seres más pequeños pueden inspirar grandes movimientos.
En estos Juegos Panamá 2026 buscamos representar los valores de Antón, orgullo nacional,
biodiversidad y el brillo aspiracional del deporte, con programas de sostenibilidad a lo largo de
toda la competencia, queriendo dejar una huella en la historia del deporte e inspirar al futuro de
continuar con nuestro legado.